La garrofera del tío Pavilo

Carboncillo y lápiz conté. 50 x 70 cms. 2024

GONZALO MATEO CORTÉS

En agosto  del año 1938, en plena guerra civil, comienzan los bombardeos sobre Jérica. Una vez conquistado Teruel por las tropas nacionales, el frente se traslada hacia Valencia y la línea XYZ que pasa por Jérica es la última zona de defensa del ejército republicano para salvar Valencia. Los bombardeos comienzan a mediados de agosto en nuestro pueblo y parece inminente que pronto se dará la orden de evacuación de Jérica. En medio de este caos hay un grupo de personas que tienen una especial preocupación: son miembros de la Sociedad de Montes de Jérica (una Junta que gestiona una parte importante de los montes de nuestro municipio desde su desamortización en el siglo XIX).

Manuel, presidente de la Junta de Montes se pone en contacto con Pavilo y Barrella, miembros de la Junta de Montes y hombres de su total confianza. Entre los tres valoran la situación y llegan a la conclusión de que hay que poner a buen recaudo las escrituras de propiedad de los montes de Jérica, la guerra tarde o temprano terminará y no se pueden permitir perder tan valioso documento que acredita que los montes de Jérica son administrados por dicha sociedad en beneficio de nuestro pueblo. En el pasado siglo XIX con la desamortización se corrió el riesgo de privatización de los montes y no nos podemos permitir que esto vuelva a suceder. Entre los tres deciden que hay que esconder las escrituras, pero ¿dónde? Pavilo propone guardar las escrituras en un campo que tiene en la partida de Paracuellos, situada entre Jérica y Novaliches. Una vez en el bancal de Pavilo, deciden guardar las escrituras dentro de una jarra y depositarla en un hueco en el ribazo junto a la garrofera que hay situada en la parte alta del campo y para poder recordar dónde se encuentra escondida tan valiosa jarra deciden tapar el agujero con una piedra de color blanco que sirva de señal para ello.

En la primavera de 1939, una vez terminada la guerra civil, poco a poco los vecinos de Jérica vuelven a sus casas después de casi un año desde la evacuación; el pueblo está destrozado por las bombas pero la máxima preocupación de Manuel, Barrella y Pavilo es recuperar las escrituras de los montes. Así que se dirigen a la partida de Paracuellos, el pulso se les acelera cuando se acercan a la garrofera de Pavilo. La piedra de color blanco sigue en su lugar, lo que en principio les tranquiliza. Tras retirar la piedra, los tres respiran tranquilos, pues la jarra con las escrituras continúa junto a la garrofera.

La garrofera de Pavilo continúa en su sitio  y las escrituras  siguen custodiadas por la Junta de Montes. 

Doy las gracias a la familia Cortés que ha conservado en su memoria esta bonita historia.

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