Una mujer excepcional: María Marco Ponz (1921-2013)

Ilustración digital. 2024

PILAR RODRÍGUEZ SEBASTIÁN

Mi relato se remonta al siglo pasado. Antiguamente la plaza de toros en Jérica se montaba en la actual plaza de Germán Monleón, y en ella, con barrotes de madera y tablones e incluso carros, se construían las barreras y entablados donde la gente toreaba y se sentaba a pasar la tarde de toros.

Cada cuadrilla o peña se construía su entablado donde amigos y familiares podían disfrutar viendo cómo la gente joven salía a la plaza a torear e intimidar a las vaquillas.

Toda la manada de toros por las mañanas estaba en el río pastando bajo el puente de Navarza, donde se seleccionaban los toros que tenían que participar ese día en la entrada; subiendo corriendo desde el río, haciendo el recorrido por el camino El Portillo que va del río a las casas donde actualmente está la imagen de la Cueva Santa y continuando por la Cuesta Zalón y la Calle Rey don Jaime hasta desembocar en la plaza Germán Monleón y meterlos en el toril, donde estaban encerrados aguardando su turno de salida. Esta selección del ganado en el río se la llamaba “estajar” a los toros.

Pues bien, una vez los animales estaban ya en el toril y habían salido algunas vaquillas, era normativo que para dar paso al toro de la merienda una persona montada a caballo cruzara la plaza y pidiera a las autoridades la llave del toril, dársela al mayoral y así iniciar la salida del toro para disfrute de la fiesta por todos; ahí viene la base de mi relato al poneros en conocimiento que la primera mujer que en esta plaza subió a caballo para pedir la codiciada llave fue María Marco Ponz. Ella, muy segura de lo que tenía que hacer, subió al caballo y montada sobre él dio la vuelta a la plaza, solicitó de las autoridades la llave y la entregó al mayoral de los toriles con una gran ovación por parte de todo el público asistente. El caballo al que subió era propiedad de su entonces novio y después marido Jesús Benajas Navarro.

María fue una mujer excepcional, con una sabiduría e inteligencia natural desbordante, fue y es una fiel representante de la villa de Jérica.

María era una gran persona: recta, comprensiva, honesta, trabajadora incansable, amante de la lectura y de las costumbres jericanas.

Con sus escritos nos anunciaba periódicamente y año tras año, la llegada de los días señalados para la población: Santa Águeda, Corazón de Jesús, el Cristo, San Roque, Hijas de María y sobre todo destacamos las poesías dedicadas a las reinas de las fiestas de la Pastora... e incluso se atrevió con la narrativa y a sus 91 años publicó una novela: Las Traveras.

María era una persona de verbo fácil, de buena memoria, de gran objetividad y con gran fluidez contaba pasajes vividos. Además, era una apasionada de la lectura. De su faceta como escritora sus poesías transcurren desde pura imaginación hasta la bella descripción de las escenas más cotidianas; un conjunto armonioso que te incita a la lectura, a la reflexión y que te hace comprender la gran importancia de la sencillez.

María siempre ha sido una persona muy especial y de gran valía, yo personalmente he tenido el regalo de tenerla toda la vida como vecina en la calle Pablo Barrachina (antes Capuchinos) y sus hijas forman parte de mis amistades más queridas hasta el punto de considerarlas como parte de mi familia.

Para mí, María Marco Ponz tiene un simbolismo especial y, sin pretender exagerar, se convierte por méritos propios en un punto de referencia, un punto donde es necesario mirar.

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