Nuestro tío Santiaguico

FAMILIA VIVAS

¿Quién era nuestro tío Santiago el colchonero? Pues bien, nuestro tío Santiago era una persona alegre, simpática, educada y servicial. Siempre colaborador en todos los actos organizados en Jérica. No había chocolatá, procesión, concierto de la Banda de Música, volteo de campanas, cabalgata o castillo de fuegos artificiales al que faltase.

Era un hombre sencillo, cumplidor y puntual, sobre todo si había comida de por medio. A casa nunca llegaba tarde ni a medio día ni por la noche a su cita con la cuchara y el plato, disfrutaba…

Era una persona de costumbres fijas y hábitos claros. Nunca había malas palabras, malos modos, maldad o provocación en sus conversaciones.

Le gustaba ir a misa, ayudar al cura, llevar la cruz en las procesiones y entierros… siempre estaba ahí.

No faltaba a ninguna fiesta como hemos nombrado antes, las fiestas de La Pastora eran sagradas: dispará, mascletá, bacalá en la cual siempre se traía una bolsica de nueces, pan, bacalao y vino a casa y ya se lo iría acabando.

Pero a nuestro tío lo que le apasionaba de verdad era la Banda de Música. No faltaba a un ensayo, a un concierto, siempre estaba ahí, por eso el local donde ensaya la Banda de Música lleva su nombre, lo cual a la familia nos causó muchísima alegría.

A nuestro tío le encantaba ver los documentales de la 2, siempre pretendía estar al día y así poder mantener conversaciones con todo el mundo. Le encantaba “charrar”.

Nuestro tío siempre intentaba ayudar a la gente, le encantaba estar en la plaza, conversar con unos y con otros. Si tenía que ayudar a llevar la compra a la gente mayor, lo hacía y eso sí, le invitaban a una cervecica.

Tanto le gustaba a nuestro tío charrar, que un día se encontró con Javi (Sardina) en el parking y le dijo: Javi vente a casa que te quiero enseñar unas cosas y allá que se fue Javi con mi tío y estuvo allí hasta las 3:00 de la mañana contándole historias. Pero qué casualidad que esa noche había tormenta. A nuestro tío le aterraban las tormentas, cuando empezaban los truenos, se metía en casa y no había Santiago. Le daban horror.

Cuando venía gente para visitar Jérica, mi tío siempre estaba dispuesto a ayudarles, a explicarles cosas del pueblo, hacía que se sintieran cómodos y hasta había veces que se arrancaba a hablar en valenciano.

A nuestro tío le encantaban los llaveros, la gente le traía llaveros de otras ciudades y mi tío se los coleccionaba. Los guardaba como el oro.

Recuerdo que le encantaba arreglarse, siempre iba como un pincel. Se cambiaba mil veces de ropa y nosotros en casa le decíamos:

—¡Pero chico, si pareces un ministro! —y él se reía. ¡¡Qué tiempos!!

¿Qué era nuestro tío? Un gran ahorrador, nunca quería gastarse nada y se guardaba el dinero en un bote de Colacao. Jajaja

Pero nuestro tío también tenía una parte sensible. ¿Qué le preocupaba? Pues lo que le preocupaba, pero que por suerte se le olvidaba pronto y pasaba página, era cuando nos decía que veía que algunas personas se burlaban de él o le decían que estaba tonto. Él nos decía:

—Me llaman el tonto, el tonto de mi lugar. Todos viven trabajando y yo sin trabajar…

Pero entonces él se reía y se le olvidaba. Pero qué equivocadas estaban todas esas personas, nuestro tío era una persona sensible, amable, se implicaba con todo.

Como decía, nuestro tío era un tío auténtico, tan auténtico que a pesar de todos los años que han pasado, todos los jericanos lo recordamos con cariño.

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